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Transcripción de la
charla que tuvo lugar en el Encuentro de Crianza
organizado por la Asociación Haurdun.
Gamiz. Septiembre
de 2002
"EDUCACIÓN
CREADORA"
Jose Miguel
Castro
Tenía previsto hacer una breve exposición sobre
los principios de la educación creadora. Qué
deriva ha seguido después, por donde han tirado
diversas personas con estos principios, en el
campo privado, en el campo escolar, en el campo
particular, con sus familias,... ofreceros un
panorama de este asunto. En todo caso no tenéis
que esperar al final para ir preguntando
cosas...
Hablamos de educación creadora, pero a Vega y a
mí, cada vez nos gusta menos una de las dos
palabras: cada vez creemos menos en la educación
y nos gusta menos este término de educación
creadora. Bueno, seguiremos manteniéndolo hasta
que encontremos otro termino mejor.
El origen de esto, ¿cuál es? Fue un azar en
plena 2ª guerra mundial. Arno Stern, con 17 años
aproximadamente, es encargado en un campo de
refugiados de cuidar de un grupo de 12 niños de
diferentes edades en un espacio tan precario
como era una habitación de 20 m2. Por allí
aparece una caja de pinturas y los niños le dan
ciertas ideas de como manejarse con el escaso
material. El azar consistió en la aparición de
una caja de pinturas, un grupo de niños
huérfanos de guerra y Arno Stern con 17 años y
ninguna formación en relación con la actividad
que empezó allí a generarse, que era pintar. Esto fue una suerte porque
como Arno no sabía nada, pues no sabia si lo que
hacían los niños estaba bien o estaba mal, no
sabía qué instrucciones dar, no sabía si tenía
que enseñar algo o no tenía que enseñar nada y
como no sabía, no enseñaba nada, y lo único que
hizo fue, constatar lo que allí pasaba, y ¿qué
es lo que pasó?
En el transcurso de un año, hasta que estos
niños fueron adoptados, Arno observó dos cosas.
La primera fue que estos niños solamente
pintando se transformaron. ¿En qué sentido? Pues
partiendo de una situación de graves carencias,
de profundo malestar, una situación de temores,
pasaron a ser niños con una enorme seguridad y
con una enorme fuerza. Esto llamó la atención,
claro, de muchísima gente que acudió a ver qué es lo que estaba pasando allí, que con
4 pinceles y 4 pinturas se consiguió lo que no
conseguían en otros lugares, ni con terapia, ni
con buena alimentación, ni de ninguna manera.
Esta transformación le llevó a Arno a pensar,
que esta actividad, en las condiciones que allí
se desarrollaba, era estupenda para la gente y
esto determinó su trabajo de toda su vida, que
fue más tarde trasladarse a París y abrir un
taller de pintura para niños y adultos.
La segunda cosa que vio fue que todos los niños
pintaban lo mismo, y su pregunta era si
pintarían lo mismo porque eran judíos y
huérfanos, o cómo pintarían en otros lugares
completamente diferentes, en los que se dieran
condiciones climáticas y culturales bien
diferentes. Como nadie le podía responder, eso
le llevó a hacer un trabajo de investigación
durante la década de los 60 y los 70 que le
llevó a descubrir los mecanismos de la
expresión, los mecanismos de la creación y la
relación que había entre creación, expresión y
comunicación. Arno abrió un taller en París
donde reproducía, de forma depurada, aquellas
condiciones que se habían dado en el orfelinato,
y esto estableció los fundamentos, los
principios de la educación creadora.
Con estos principios, que os voy a mostrar ahora
mismo, lo que sucedía era que el aprendizaje de
dibujar y de pintar que siempre se ha supuesto
para privilegiados, artistas entre comillas, es
decir, unas pocas personas que tienen capacidad
de llevar ese aprendizaje hasta sus últimas
consecuencias, en estas condiciones resultaba
que este aprendizaje era posible para cualquier
persona independientemente de su edad,
capacidad, extracción cultural, económica, etc.
Es decir, para todo el mundo. Y además que este
aprendizaje lo llevaba todo el mundo mucho más
lejos de lo que nadie hubiera podido jamás
imaginar.
En nuestro taller en Bilbao, que es como todos
los talleres de pintura, está en el centro lo
que llamamos la mesa paleta, donde están los
pinceles, el agua, la pintura,... representa el
lugar de encuentro de los que acuden al taller.
La primera cuestión que se deriva del taller es
que tiene que haber un equilibrio entre lo
personal y lo colectivo, es decir un equilibrio
entre la socialización, el crecimiento social,
los medios para crecer socialmente y un espacio
personal que sea ilimitado, que no tenga límites
para crecer personalmente.
En el taller hay un va y viene continuo entre el
espacio personal, que es el papel en el que
pintan y la mesa paleta que es un lugar donde
hay que desarrollar un sentido de la atención.
Hay que estar muy atentos a colocar los
pinceles, manejarlos, para no manchar. No hay
más remedio que tener en cuenta a los demás.
El espacio personal es lo que llamamos el primer
principio de la educación creadora, que es algo
que nadie niega, que todas las escuelas asumen
en su ideario pero que en la práctica se
niega.Todas las personas somos diferentes. Desde
el principio Arno quiso que este principio fuese
radicalmente instaurado en el taller. Las
agrupaciones que hacemos en el taller no son
agrupaciones hechas por la edad, o por ciertas
afinidades, sino todo lo contrario. Es decir, no
hay niños de la misma edad, no hay personas
adultas que tengan características similares. Si
por ejemplo en un grupo hay un chico con
síndrome de Down jamás entraría al mismo grupo
otro chico con síndrome Down,... Buscamos que
nadie pueda verse semejante a nadie y por tanto
que lo que destaque en un grupo así sea la
diversidad, que la estructura lance un mensaje a
medio y largo plazo que sería el siguiente:
"eres diferente, no tienes más remedio que
enfrentarte a tu diferencia y eso es bueno para
ti y aportación de riqueza para los demás". Esta
diversidad se manifiesta en esta estructura de
forma inmediata. ¿Cómo? Hay quienes necesitan
espacios grandes, hay quienes necesitan espacios
pequeños, hay quienes trabajan a un ritmo muy
lento y hay quienes trabajan a un ritmo muy
rápido. Desde luego tienen intereses
completamente diferentes, necesidades diferentes
y esto es la esencia de la diversidad. Lo que
sucede entonces es que efectivamente se crea un
medio enormemente rico con unas corrientes de
influencias muy grandes, donde cada cual aporta
cosas muy diferentes. Sería una lista
innumerable: lo que un niño pequeñito quizá
aporta es su inmediata capacidad de comunicación
con los demás, un adulto comunica a los demás su
seriedad en el juego,...
En el primer ejemplo que nos has puesto,
¿eran los niños de la misma edad?
No eran de la misma edad. Eran niños que
abarcaban edades entre los 4 y los 15 años, eran
niños muy diferentes. Luego hablaremos, si hay
que matizar, que incluso puede llegar un momento
en que no importe que haya dos niños de la misma
edad, siempre que no se comparen. Lo importante
no es la edad en si ¿Por qué hacemos esto de la
edad? Porque la gente tiende a comparar, los
niños tienden a compararse entre ellos. Lo
primero que se pregunta en un encuentro es
"¿cuántos años tienes?" y suelen compararse en
función de la edad: yo hago más, yo hago menos o
hacemos igual. Por eso lo importante es crear
una estructura en la que nadie pueda compararse
con nadie, porque serían tan radicalmente
diferentes que sería imposible compararse. Los
niños de la misma edad son radicalmente
diferentes, el problema es que se les compara.
Cuando no hay niños de la misma edad y no se
sienten identificados, ¿los niños no tienen
resistencias? ¿no hay problemas?
No, ninguno. Alguna objeción o resistencia puede
poner algún familiar. Entre los extremos de
cosas que hemos oído, ha habido quien nos ha
dicho que no quería que su niño estuviera entre
adultos porque esto le haría perder la
inocencia, y otros que nos han dicho que no les
gusta por razones contrarias, que un niño no
podría aprender nada entre niños mayores que él.
Bueno, cosas raras. Los niños están muy bien y
además se manifiestan de manera muy diferente de
como se manifiestan cuando están con niños de su
misma edad, se manifiestan más abiertos, más
comprensivos, más tolerantes, solamente por el
hecho de que no se comparan y, claro, sino se
comparan no compiten.
Cuando la gente trabaja con diferentes
intereses, diferentes espacios, lo que sucede es
que nadie se siente más y nadie se siente menos,
es decir, que todo el mundo sabe que puede
satisfacer las necesidades que tiene. Y que la
satisfacción de las necesidades de cada cual,
nunca van en detrimento de las necesidades del
que está al lado. Es absolutamente compatible
satisfacer las necesidades de trabajar con
tamaños gigantescos, que las pueden tener tanto
los niños grandes, los adultos, como los niños
pequeñitos, como las necesidades de trabajar con
espacios muy pequeños, al lado de estas otras
personas que trabajan enormes espacios. Todo el
mundo sabe que cuando lo necesite va a poder
utilizar el mismo enorme espacio. Hay
procedimientos por los cuales el taller es
ilimitado en cuanto espacio. Es muy sencillo
entenderlo: imaginaos que una niña quiere hacer
un cuadro de 18 m. de altura. No tiene ningún
problema, porque vamos retirando filas de 3 m.
de alto y añadiendo filas de 3 m. de alto, por
arriba, por abajo o columna por un lado o por
otro.
En estos grupos lo que sucede es que no hay
modelos, no hay un modelo. Cuando se está dentro
del grupo es casi imposible decidir qué es lo
que está bien y lo que está mal, qué es lo que
es mejor y qué es lo que es peor. Porque al
verse tan diferentes lo que se ven es personas
diferentes en diferentes momentos de una
evolución, cada evolución muy personal, y
por lo tanto el referente de quién hace bien,
quién hace mal, se pierde inmediatamente. En
algunos eso necesita un periodo de adaptación en
el taller, hasta que ven personas muy diferentes
y ya no ven trabajos mejores o peores. Cuando no
hay modelos, cuando nadie se compara, cuando
nadie compite, cuando nadie quiere ser más que
nadie, ni se siente menos que nadie y, por
tanto, no intenta aplastar a nadie, ni colocarse
al lado del hipotéticamente débil para sentirse
fuerte y viceversa, entonces lo que sucede es
que cada uno, a veces por primera vez en su
vida, puede ser el mismo y manifestarse como
tal.
Esto se debe a que no hay ningún temor, no
solamente por la existencia de esta estructura
de grupo, esta estructura social, donde no hay
competitividad, sino porque el "educador", entre otras cosas, no juzga. Como no
hay ningún tipo de juicio, no es que no se
formule verbalmente sino que no tiene lugar
ningún tipo de juicio sobre el trabajo de nadie,
no hay ningún tipo de temor. Y cuando no hay
temor, esto tiene dos efectos: por un lado se
asumen riesgos en el aprendizaje, uno va al
limite de sus posibilidades y entonces cuando
uno va al límite de sus posibilidades, se
tropieza, tiene accidentes etc., pero esto nunca
es culpabilizado, el accidente además es parte
del aprendizaje. Y por otra parte
cuando no hay temor lo que sucede es que hay
posibilidad de manifestarse cada uno sin
máscara, sin defensa, sin
armadura, sin componendas de ningún tipo y lo
que sucede es que entonces la relación entre las
personas que están ahí es muy verdadera, muy
piel a piel, muy de personas verdaderas a
personas verdaderas y, por tanto, muy profundas,
y esta gente muy pronto habla entre ellos de
todo lo divino y de todo lo humano.
Dándose relaciones entre gente tan diversa suele
ser muy normal que, al cabo de dos años, una
señora de 50 años nos diga que jamás hubiera
sospechado que se podía tener amistad profunda
con un niño de 6 años, por ejemplo. Es decir,
las relaciones que no son solamente entre los
adultos, sino entre adultos y niños, etc., son
abiertas, hablan entre ellos de su trabajo, de
lo que les preocupa, de sus vacaciones, de su
escuela,... de todo menos de una cosa: no hablan
jamás de lo que pintan. Porque uno de los
descubrimientos de Arno Stern, es que lo que
hacen en estas condiciones no es arte, no es
para la comunicación. Es expresión, definiendo
expresión como algo que esta en nuestro interior
a presión y que debe ser emitido pero no
destinado a nadie, ni dirigido a nadie, ni
conteniendo ningún mensaje. Y en estas
condiciones tiene lugar un acto que puede
parecer extraño y que lo que es, es natural. Es
decir, por un lado se relacionan profundamente,
se comunican profundamente, directamente, no a
través de nada; y por otro lado se expresan en
espacios personales, liberados de todo
condicionamiento. Eso les permite crecer
socialmente y crecer personalmente y que lo uno
no vaya en detrimento de lo otro.
Voy a pasar a otro principio: el principio del
juego. En grupos completamente heterogéneos
donde lo que destaca es la diversidad, lo
que hacen es jugar, no hay enseñanza. Una de las
cosas que a mí me costo más asimilar, debido a
mi formación, era que la enseñanza no siempre es
el compañero ideal del aprendizaje. Es más, la
enseñanza muchas veces dificulta el aprendizaje
y en ocasiones lo destruye completamente. En el
taller no se enseña. A la parte que podríamos
decir que hay enseñanza, no le llamamos
enseñanza, porque es tan mínimo como dar el
hábito de coger bien el pincel. Todo lo demás es
aprendizaje. Pero, sin embargo, el aprendizaje
va mucho más lejos de lo que iría con enseñanza.
Por ejemplo todo el juego del color, de mezclar
colores. Normalmente en el aprendizaje del color
a los niños muy pequeños, ya en las guarderías,
se les enseña una mezcla, por ejemplo el verde.
Porque es que es mágico: metes amarillo, metes
azul y sale verde, que aparentemente
no tiene nada que ver. Esto se enseña y es muy
divertido, pero cuando se enseña, el mensaje que
normalmente se lanza es: "Yo soy muy listo, por
eso te puedo enseñar" y eso es lo que recibe el
niño. Esto le condiciona a demandar otras formas
de jugar con el color, cómo sale el rosa,
generalmente después, y como sale el violeta y
se acabó. Es decir con la enseñanza se pueden
aprender tres mezclas de colores.
Si un niño en el taller nos pregunta cómo sale
el verde, nosotros no se lo decimos. Le decimos
"búscalo", y tampoco le abandonamos a la
búsqueda. Le damos un hábito de meter las yemas
de los dedos cuidadosamente, para no manchar la
pintura, y buscar. Esa búsqueda puede durar un
mes, una semana, un minuto o un año, nos da
igual. No hay programa para nadie, no hay ni
programas personales, ni hay objetivos tampoco.
Lo que sí sabemos es que en esa búsqueda un niño
encuentra muy placentero encontrar diversos
colores jugando con los dedos, y un día, no
sabemos cuándo, encuentra el verde y el placer y
la alegría que le produce es enorme. Este placer
y esta alegría lo que hace es impulsarle a
seguir buscando otros colores, y además el
mensaje ya no es "qué lista es Vega", o "qué
bueno es Josemi" o yo qué sé, sino "yo por mi
mismo puedo". Esto es una de las claves que da
enorme seguridad, el sentirse fuerte, el
sentirse capaz de iniciar aprendizajes, de
llevarlos mucho más adelante, de tal manera que
un niño, por ejemplo Guillermo con 4 años y
medio, al cabo de un año y medio de estar
jugando con los colores, sin ningún tipo de
enseñanza, llega a coger una de esas tapitas que
hay ahí, que tienen 4 o 5 colores mezclados en
diversas proporciones, y él sabe qué colores hay
y en qué proporción. Y coge una tapa, viene y
nos dice: "Josemi, por favor añádeme un poquito
de ocre o un poquito de carmín, más, menos...",
porque él sabe qué color quiere conseguir. A un
pintor profesional que le dijéramos: "Píntame la
habitación de este color", no sabría cómo se
hace y tendría que recurrir a una carta de
colores.
Es decir el aprendizaje se dispara, va muchísimo
más lejos porque la enseñanza condiciona y
paraliza, en cambio el aprendizaje por
investigación, juego,..., no tiene limites.
Porque fijaros que las posibilidades de mezclar
estos 18 colores, que es una gama bien
equilibrada, es absolutamente ilimitada,: no
tiene limites nunca, es un juego que no tiene
final nunca y no tiene limites tampoco en
relación a que no es un juego para niños.
Por tanto todo lo que se hace en el taller es
jugar. Hay quien dice que jugar es algo
elemental para el aprendizaje, nosotros
mantenemos que es la única manera de aprender
realmente en profundidad. Y para nosotros son
sinónimos: jugar, trabajar, investigar, crear.
Son realmente sinónimos. Cuando hemos repasado
la historia en cualquier campo: artístico,
científico, técnico, de personas que han
innovado, que han creado algo, que han pasado a
la historia en definitiva, lo que nos hemos
encontrado siempre es con adultos, que entre
otras muchas cosas, siempre son adultos que han
conservado su curiosidad, su flexibilidad, su
capacidad de juego. Que siguen siendo grandes
jugadores. Para nosotros no hay ninguna
diferencia entre un niño pequeñito, al que le
regalas un cochecito y lo destripa
inmediatamente para ver como es por dentro, y el
trabajo que hace Leonardo Da Vinci, destripando
cadáveres para ver como funcionaban por dentro.
En esencia no hay ninguna diferencia. Claro, si
lo hace un adulto le llamaremos disección y si
lo hace un niño le llamaremos destripaterrones
porque en definitiva no le consideramos.
Ya conocéis el principio de la heterogeneidad y
de la diversidad, y el principio del juego. El
último que os comento y el más importante porque
condiciona a los otros dos, es el rol que juega
el "educador" que permite este
juego y que crea estás estructuras. ¿Qué hace el
educador? No es un animador, no empuja a nadie a
ningún sitio previsto o supuestamente adecuado,
no motiva, no enseña, no interpreta, no juzga el
trabajo de nadie,... ¿entonces, qué es lo que
hace? Lo que hace es servir el trabajo de los
demás. Por ejemplo si Guillermo quiere poner las
chinchetas con las que se sujeta el papel a la
pared, Vega lo que hacees aplanarle el papel
para que quede sin bucles que luego le molesten
al pintar, porque todavía Guillermo no lo puede
hacer. Ese es su trabajo, le aplasta el papel
contra la pared para que pueda poner la
chincheta y el papel quede bien puesto. Cuando
Guillermo empieza en el taller le va a hacer ese
mínimo, que podríamos llamar de enseñanza si
queréis, que nosotros llamamos darle el hábito
de coger bien el pincel por su centro de
gravedad y tomar agua sólo con la punta, luego
pintura sólo con la punta y retirarse. No hay
instrucciones pesadas para poder jugar, se
aprende jugando, sobre la marcha. Es acompañarle
el gesto, eso si, las veces que sean necesarias.
Pero no hay parones. Un niño ve todos estos
colores y esta deseando lanzarse a pintar.
Claro, si intentas frenarlo para darle muchas
explicaciones, esto es una pesadez. Es como
cuando te llevan a música y hay allí un piano y
tienes que hacer un montón de cosas antes de
poder meter un dedo en el piano. Esto no tiene
sentido, se juega directamente y se aprende
jugando, y él lo que tiene es un interés enorme
en hacerlo. Si ha tomado demasiada agua en el
pincel o lo ha presionado demasiado, entonces
Vega lo que hace es quitar la gota de agua que
le molesta, para que pueda seguir pintando,
sobre seco y sin gotas que le estropeen su
trabajo.
Veis que en el taller no se puede parar, en un
grupo de 12 personas, niños y adultos,
continuamente hay que estar acompañando a niños
más pequeñitos con el gesto a la mesa-paleta,
continuamente están haciendo mezclas y les pasa
el trapo para que se limpien los dedos para
seguir probando sin manchar los colores; hay
quien pide pintura para aclarar más un color;
hay quien pide que le de vueltas al color porque
no lo quiere separado, o lo quiere en una
proporción determinada separado, en otra
proporción en color puro. Veis que insisto que
todo el servicio es para niños y para adultos,
no hay ninguna diferencia en el taller en este
sentido. Hay quien pide continuamente remover
las mezclas, que le echen agua.
¿Y se respetan entre ellos? Es decir, cuando
alguien quiere buscar el verde, no hay el típico
que dice: "Se hace así".
No, no suelen decirse. Puede suceder que alguien
está pintando con un color y alguien se acerque
y diga: "Anda, qué color tienes aquí, ¿cómo se
hace?" Eso puede suceder. Y si un niño se lo
pregunta a otro niño y el otro niño le responde
no es ningún problema, porque no es el adulto
omnipresente y sapientísimo el que lo dice, sino
que es otro, y no pasa nada. Puede que después
le interese hacer ese color o no, pero no tiene
ese efecto del maestro que enseña. Eso es lo que
nosotros llamamos un contagio, influencias,
deseables incluso. Por ejemplo, nosotros no
enseñamos nunca que hay un rojo que se llama
carmín y otro bermellón y un marrón que se llama
siena tostada y otro sombra y otro ocre
amarillo. No enseñamos pero, claro, hay adultos
que están subidos en una escalera y te llaman
para que les cargues el pincel y te piden:
"Pásame el carmín". Entonces, como no están
obligados a reproducirlo, ellos quieren saber
cómo se llama un color, cómo se llama otro. Y
puede que me pregunten a mí y yo les respondo,
claro. Pero no le llamamos enseñanza. Cuando lo
que hay es una pregunta concreta y una respuesta
concreta, es comunicación, y claro que ahí hay
aprendizaje, pero no hay enseñanza, en el
sentido de organizada, pensada, programada y que
se pueda alejar de lo que un niño le interesa.
Si un niño te pregunta cómo se llama un color, y
tu coges y dices: "Se llama bermellón, y este
otro ocre y este otro marrón,..." entonces si
que te estás pasando y vas mucho más de lo que
él quería. Le vas a aburrir y ya no te va a
preguntar más. Pero si él te pregunta cómo se
llama este color y dices bermellón y ahí se
queda todo y esperas, ¿que te quiere preguntar
otro?, se lo contestas, pero esperas a que te lo
vuelva a preguntar.
El rol del educador es crear unas condiciones.
En su formación estriba conocer perfectamente el
juego y sus mecanismos para poder servirlo.
Porque si sabes muy bien como se desarrolla un
juego, entonces no tienes miedo, no tienes dudas
de que todo el mundo lo va a conseguir. Por
ejemplo, probablemente, ninguno de nosotros ha
tenido miedo de que su bebe vaya a aprender o no
a andar. ¿A alguien se le ocurre, cuando ve a su
hijo gatear, pensar en los términos de "anda
bien", "anda mal"? Pues no, tiene los meses que
sean y gatea. Perfecto, es lo que tiene que
hacer, ¿no?
Hay algo que cuando está en equilibrio permite
el aprendizaje, porque un niño está en la
seguridad. Es decir, si un niño hace lo que
puede y eso coincide con lo que quiere y eso
coincide con lo que necesita, entonces hay
seguridad y ese niño puede aprender cualquier
cosa. Pero si un niño quiere hacer algo que no
puede porque le ha venido un modelo de fuera que
le incita a hacer algo que todavía no está
capacitado para hacerlo, ya hay un
desequilibrio, y hay inseguridad porque va a
querer hacer lo que no necesita y no puede. Por
ejemplo, ya que estamos hablando de pintura, si
un niño está dibujando unos torbellinos y va
alguien y le dice "Qué bonito, ¿qué has querido
hacer?" y él niño da una explicación suponiendo
lo que el adulto quiere oír, y entonces el
adulto le dice: "No, hombre, pero eso no se hace
así, se hace de esta otra manera", entonces el
niño va a querer hacer ya lo que no puede, y se
jorobó, ya muy pronto, la seguridad en este
aprendizaje.
Entonces cuando ves un dibujo, ¿no hay que
hacer ningún tipo de afirmación? Verlo y punto,
ni qué bien, ni nada, ¿no?
Hay que servirlo, pero desde luego no juzgarlo.
Porque ni está bien ni está mal, ni tiene un
mensaje secreto que hay que desvelar, ni hay que
forzarle a que se comunique con nosotros a
través de lo que está haciendo, porque es
desviarlo ya a un campo en el que tiene, a largo
plazo, una calle cortada y sin salida,.
¿Y si a todos les dices que qué bonito?
Pues les estás
diciendo que algún día estará feo. Eso es un
juicio, positivo si quieres llamarlo así. Pero
cuando yo hablo de juicios no estoy
distinguiendo entre positivos, negativos, etc.,
es un juicio. Y las palabras serían lo de menos.
Lo importante es el mensaje que tú transmites.
Una persona me contó, por ejemplo, que en una
guardería ellos siempre decían que qué bien
todas las cosas de los niños. Un día un niño que
no llegaba a los 3 años se acerca con un dibujo
a enseñarle y esta persona le dice "¡qué
bonito!", y entonces el niño lo rasga y le dice:
"Eres una embustera, porque lo he hecho mal a
propósito a ver que decías, porque siempre dices
que qué bien". Los niños no son tontos,
pertenecen a la especie humana, son seres
tremendamente inteligentes, con su cerebro, con
mucha más intuición, porque todavía no está
romada, como en los adultos que la tenemos ya un
poco podada. Entonces, si dices "qué bien", hay
algo que puede estar mal, si tu le dices "qué
bonito", todo tiene otra cara, y ¿qué es lo feo?
Porque esto es inmediato. En la escuela esto se
manifiesta en el tiempo: en preescolar, en
educación infantil, todo es bonito y todo está
bien hecho; en primaria algunas cosas hay que
corregirlas, en secundaria todo está mal, ¿no?
Es un juicio diferido en el tiempo y los niños
se dan cuenta.
No es importante lo que le digas, aunque yo no
le diría nunca "qué bonito", sino la relación
que tu estableces con él. Es decir, un niño que
te viene a preguntar si te gusta su dibujo es un
niño que ha establecido ya, de antemano, una
relación condicionada con otro adulto, su
familia, la escuela, que el mensaje que dan es
que yo tengo que pintar para los demás, para que
les guste y así me acepten. Nosotros nos
adelantamos a esa relación para establecer otro
tipo de relación en la que no se da ese
condicionante. Si esperamos a que un niño
termine de dibujar, ya no podemos hacer nada.
Pero si cuando le vemos dibujar procuramos que
esté cómodo, es decir si la mesa le llega a la
nariz y esta pintando así, le buscamos yo que
sé, la enciclopedia para sentarse más alto, o un cojín, de tal manera que no
tenga que apoyar el antebrazo y que pueda girar
y moverse como necesite; si en vez de una cera
dura que hay que apretar como una bestia para
que salga el color deseado, le hemos procurado
un rotulador u otro material que deje un buen
trazo, sin apretar, y que no se haga una pezuña;
si hemos procurado un papel suficiente y cuando
está pintando estamos con él, de repente su
torbellino se sale del papel y le limpiamos lo
que queda fuera del papel,... entonces ese niño
se pone a pensar: "Este tipo ¡qué en serio se
toma mi juego!", y entonces empieza a pensar que
tu estás allí para otra cosa. Al terminar lo que
hacemos nosotros es decirle: "Ahora te pongo el
nombre, la fecha y esto va a tu carpeta para
siempre jamás, tu verás lo que haces con ello".
Estableces una relación de servicio, él se da
cuenta para qué estás tu, ya sabe que no pinta
para ti, sino que tu estás para que él haga bien
su trabajo y te lo tomas en serio. Entonces él
se lo puede tomar en serio también, pero además
de esto no le condicionas para nada, a pintar
para ti, etc., y por otra parte recibe el
mensaje de que tu valoras muchísimo su trabajo,
y le procuras las mejores condiciones y, encima,
se lo conservas pero no lo juzgas, no le dices
ni qué bien ni qué mal, ni qué bonito ni qué
feo. Nada. No hay ningún juicio.
¿Una sonrisa vale?
Si estás contento te puedes sonreír, pero no de
su dibujo. La relación tiene que ser persona a
persona, no hay por que tener esa manía de, como
los adultos no se saben relacionar bien con los
niños, pues a darles un papelito y que dibujen.
No, hombre, relaciónate directamente con él. Lo
tienes al lado, yo que sé, le das una palmada si
quieres, le sonríes, haces un chiste, hablas del
tiempo,... se puede hablar de cualquier cosa con
él, ya está.
Esto nos llevaría muy lejos si hablamos solo del
dibujo. Yo creo que no merece la pena, habría
que hablar de todos los aprendizajes en general.
Como veis este es uno de esos juegos que hay que
conocer a fondo porque tal y como teníamos la
idea de cómo funciona este juego, se destruye,
no funciona jamás. Por ejemplo, simplemente
diciendo que qué bonito o preguntándole "¿qué
estás haciendo?" ese juego ya empieza a
destruirse.
Supongo que los adultos irán al taller porque
tienen un interés especial. ¿Qué interés o
motivación tienen los menores?
Hay quien viene porque le trae su padre y odia
dibujar, por ejemplo; hay quien viene y está
aburrido de la vida ya con 10 años; y hay quien
viene apasionado por hacer algo. Viene todo tipo
de personas.
Y cuando llega un niño desmotivado, ¿no
hacéis nada especial?
Ah, si, hay el derecho a no jugar. Lo que pasa
es que nosotros jugamos con una estructura donde
ya hay grupos establecidos. Es decir, en cada
grupo a lo mejor hay 10 personas, que vienen
pintando ya desde hace 10 o 5 años. Hay una
dinámica, es muy atractivo. Puede venir un niño
enfadado con su madre que le lleva allí y no
quiere pintar. Lo que pasa es que a los 5
minutos ve una dinámica, un movimiento, los
niños, los adultos pintando colores, que es que
se ve arrastrado como por la corriente de un
río, y entonces termina pintando, normalmente, a
los 5 minutos. Pero si uno no quiere pintar
tiene el derecho, claro.
Recuerdo un niño que venía al taller y su madre
le pegaba un empujón, salía corriendo, cerraba
la puerta y lo dejaba en la entrada, porque era
un niño que no quería hacer nada. Este niño se
sentaba en la entrada, al lado de la puerta del
taller, en el suelo, enfadadísimo. Yo, cuando
oía el portazo, ya lo venia ver, salía y le
decía:
- ¿Qué pasa? ¿Ya estás enfadado?
- Sí.
- ¿Con quien, con tu madre? - siempre se
enfadaba con su madre.
- No.
- ¿Con tu padre?
- No.
- ¿Pues con quien?
- Contigo.
- Pero si yo no estaba.
- Sí, pero es que mi madre me obliga a venir.
- Pues bueno, venga, entra aquí, ahí se te va a
quedar el culo frío.
Este niño hacía arcilla. Le llevaba al taller,
le daba un banco y se ponía delante de una
horneta, pero no quería modelar. Lo que nunca
encuentran en nosotros es una reacción. Él puede
estar muy enfadado, muy disgustado, no querer
hacer nada. Nosotros no nos enfadamos, no nos
molesta que no quiera hacer algo, no nos
preocupa. Como no quiere pintar, pues lo mismo
da. Lo que hacemos es tratarle con la misma
cordialidad o madurez como a cualquier otra
persona. No hay un trato menos cálido con un
niño enfadica que todo le molesta, que está con
una cara de perro, que con una persona que está
encantada diciendo que qué placer. No, le tratas
igual y le sientas. Y al cabo de un rato, de
cinco minutos que está así, le dices: "Te dejo
aquí este cacho de barro, por si quieres".
Entonces ve el trozo de barro y ya está todo
arreglado. Puede que no quiera, este niño estuvo
así, enfadadísimo, pues como 3 o 4 semanas, pero
al final lo hace.
¿Hay gente a la que no le sale?
Eso no existe en el taller. Uno de los
descubrimientos de Arno Stern para este juego,
pero sirve para modelar, para bailar, para hacer
música, para muchos juegos importantes, es que,
¿cómo os lo diría yo?, estamos preparados
genéticamente para hacerlo, por decirlo de
alguna manera. Es decir, que el que pertenece a
la especie humana, sin quererlo, tiene un par de
orejas. No puede evitarlo. Este aprendizaje,
como andar, como hablar, este aprendizaje lo
llevamos incorporado en nuestros genes, pero en
condiciones. Sabéis que un niño está
genéticamente programado para andar y hablar,
pero si se pierde en la selva, le alimente una
loba, y luego lo encuentran a los 15 años
salvaje y lo devuelven a la civilización, este
niño ya no recupera, no tiene el lenguaje, ni
anda de pie. Se puede poner de pie en un
momento, pero anda a cuatro patas. Estaba
programado genéticamente, pero faltaba un
factor, una condición, y es que hubiera un medio
social con adultos que andan y hablan a su
alrededor.
Para pintar, para modelar, para hacer estas
cosas es lo mismo, hacen falta unas condiciones.
Si no se dan estas condiciones lo que sucede es
que no se pone en marcha este programa genético.
Y el problema no es que no se dan estas
condiciones, es que se dan las contrarias, y
este programa genético se destruya. ¿Cómo se
enseña a dibujar? Dirigiendo todo hacia la
comunicación, teniendo que responder ante todo
tipo de preguntas, con correcciones, con
juicios, con copias, con modelos, comparándose,
en grupos de la misma edad,... Es decir, las
condiciones contrarias de las que hemos
manifestado aquí. No es extraño que la gente
piense que es imposible, que no se le ocurre
nada.
Fijaos que sobre este aprendizaje lo que tenéis
son datos erróneos. Y sobre todo creencias
falsas. Y claro, es muy difícil desmontar datos
con creencias y es más difícil desmontar
creencias sin datos, y yo no voy a daros datos,
ni os voy a hablar de cómo es este juego, de
dónde a dónde va, ni qué mecanismos tiene, por
que no daría tiempo hoy.
Pero suelo proponer una metáfora y es imaginar
un naufragio. "¡Los niños primero!", porque se
va el barco a pique, y solo caben los niños.
Vamos a suponer que llegan a una isla desierta
donde hay agua, alimentos, fruta, varias raíces,
algún animalillo,...pueden sobrevivir. Pasa el
tiempo, crecen y tienen hijos, empiezan a nacer
enanos. Mucho gusto, mucha alegría, pero cuando
los enanos tienen meses los padres y las madres
están aterrados porque todos andan a gatas y
"¡cómo van a sobrevivir así!". Se preocupan
muchísimo porque andan todos arrastrándose de
mala manera. Llega un momento en el que alguien,
el más viejo de la tribu dice: "Un momento, que
yo creo recordar que los niños al año andan."
Respiran tranquilos, pero llega el año y ahí
siguen a cuatro patas, aunque más rápido. "Habrá
que hacer algo". Empiezan a pensar cómo poder
enseñarles un poco a andar, porque sino se van a
morir. Y dicen: "Fulanito es el que más corre,
él más atlético, él que más trepa árboles ¿Por
qué no les ponemos que se fijen en él?", "Venga,
vale." Y entonces le ordenan al atlético pasear
por delante de los niños y les ponen para que le
miren. Pero a los 10 minutos miran para otro
lado. Les dicen que miren, pero miran para otro
lado. "Hay que organizarlo, les sujetamos aquí y
que miren." Y van detrás todo el rato para que
miren bien. Pero pasa el tiempo y en cuanto les
sueltan, parece que no se dan cuenta de nada,
estos niños son poco observadores realmente.
¿Qué habría que hacer? A otro se le ocurre una
idea genial. Es un tipo que en la tribu se
dedica a cazar bichitos con trampas, y es muy
hábil con las cañas y las maderas y las dianas y
atando cosas y tal. Se le ocurre un invento
extraordinario: el taca-taca, un aparatejo con
unas cuerdecitas alrededor. Ponen ahí a los
niños, les sujetan,... Pero se fijan y ven que
no andan. Entonces dicen: "Esto hay que
tomárselo en serio, porque está pasando el
tiempo y..." De 8 a 9 les sujetan para la
observación, de 10 a 11 metidos en el taca-taca,
después les sacan, les ponen en una tabla y les
mueven las articulaciones,... y así todo el
santo día. Claro, pasa el tiempo y todos estos
niños terminan andando, pero con tanta historia
al final todos van como Frankenstein, con
cojeras funcionales. Un poco raritos pero andan.
Pasan generaciones y cada vez lo han organizado
mejor, porque como ven que andan con dificultad,
cada vez lo hacen mejor y con más esfuerzo.
Crean la escuela del andar que dura desde las 8
de la mañana hasta las 8 de la tarde, desde que
se levantan hasta que se acuestan. La escuela
empieza al año. Ocurre un día que un niño a los
9 meses se pone a andar, sale corriendo y se
libra de entrar en la escuela, no tiene que
entrar. Él anda, corre, trepa mejor que ningún
otro. ¿Sabéis como le llaman a este tipo? El
artista de la isla.
Ahora ¿cómo pensar que lo que están creando para
que los niños anden es lo que impide que anden?
Los que se escapan de eso son los que pueden
andar con normalidad, y lo que ellos piensan que
es excepcional es lo normal.
Pues en el dibujo pasa exactamente igual. Con el
dibujo y con otras cosas. Por eso os decía que
una de las funciones importantes es formarse,
investigar, conocer a fondo el juego del que se
trata para poderlo servir, no alterarlo, no
destruirlo, no manipularlo, tener la absoluta
seguridad de que ese aprendizaje lo va a hacer.
Para no intentar manipularlo, acelerarlo,
retardarlo, animarlo, motivarlo, porque no hace
falta para nada. Imaginaos que absurdo sería que
nos motiven para que nos salgan dos orejas
cuando estamos en la tripa de nuestra madre. No
tiene sentido. O para que nos salgan dos piernas
y podamos luego tener la seguridad de que vamos
a aprender a andar. Fijaos que incluso podemos
no saber, o desconocer, los mecanismos más
sutiles en profundidad: mecanismos fisiológicos,
neuromusculares, de cómo se desarrolla el tejido
óseo, el muscular, para llegar a andar, todo el
aspecto psicomotriz,... Pero no, no hace falta.
Sabemos que van a andar, que pasan por unas
fases, que a un marciano le parecerían muy
raritas, pero que a nosotros nos parecen
normales, y por tanto no alteramos. Y por eso
todos aprenden a andar. Hay que saber cómo son
estos aprendizajes en estos juegos para no
alterarlos, conocerlos en profundidad. También
para limpiar nuestra mirada, es decir que no sea
juzgadora. Porque si yo no conozco como es un
juego, estoy planteándome si esto está bien,
está mal, cómo debo intervenir, seguro que meto
la pata,....
Ya conocéis los principios de la educación
creadora. Estos principios se deducen de esta
estructura que surge por azar, no son producto
de una especulación científica, ni de una
hipótesis, ni de una teoría, sino de una
constatación. Yo decidí aplicar estos principios
con otro material, con la arcilla. Y sucedió lo
mismo, apareció el mismo código, los mismos
mecanismos, exactamente igual. Vega estaba muy
interesada en la danza y en el juego de roles en
concreto, porque ella trabajaba entonces en la
escuela con niños pequeños que están todo el día
jugando a mamás, a papás, a este tipo de juego.
Nos interesó observar cómo eran estos juegos,
ver cómo podían desarrollarse sin
condicionamientos, y cómo se debían servir, con
qué reglas y qué es lo que debíamos hacer para
que funcionaran. Hallamos los mismos mecanismos
para todos los juegos y vimos que el servicio
era diferente, porque era diferente el material,
el cuerpo, el espacio, el color, el volumen, la
madera para construir,... pero que, en realidad,
al final era lo mismo. Entonces fue cuando Vega
decidió aplicar estos principios allí en la
escuela a todos los aprendizajes: leer,
escribir, a todo lo que hacían los niños. Ella
dejó de enseñar absolutamente y el aprendizaje
se disparó en el momento en que dejó de enseñar.
Este trabajo ha seguido desarrollándose, no
solamente con diferentes juegos, sino con niños
mayores en el ciclo de primaria, con niños de 6,
7, 8 años. Siguieron aplicando estos principios
y vimos lo que hacían los niños: no solamente
cómo aprendían a leer sin enseñanza, o a
escribir, sino a sumar, a contar, a
multiplicar.... ¿Qué sucede? Lo mismo otra vez,
que el aprendizaje se dispara, que los niños van
muchísimo más lejos. No solamente más lejos, es
que no habíamos conocido hasta entonces niños
apasionados con la matemática permanentemente,
porque normalmente es una cosa que suele aburrir
o cansar, o que nos hacen odiar con la
enseñanza. Como veis estos principios los hemos
aplicado a todo tipo de aprendizajes. Pero es
diferente el rol de una persona que sirve un
aprendizaje si está con 20 niños en una escuela,
que si está con 3 en su casa; si son adultos o
si son niños, el trabajo que hay que hacer es
diferente, aunque los principios que aplica son
los mismos: aceptar que esa persona es
diferente.
Si se acepta que cada persona es diferente no se
intenta controlar. El educador no tiene el
poder, no decide una orientación, un programa,
ni un objetivo. Acepta las necesidades que
alguien plantea, sin más, sin preguntarse. Las
acepta y las sirve. Como la palabra servidor no
me gusta, supongo que a muchos de aquí tampoco,
por la connotación que tiene, diríamos que el
educador es una comadrona del aprendizaje. ¿Cómo
hace una comadrona? Una comadrona no asume el
protagonismo de dar a luz, ni se pone en el
lugar de la mujer. No, le toma la mano, como mucho le
limpia el sudor, espera a que le demande algo,
porque se ha establecido una relación en la que
la persona va a demandarle lo que necesite y en
esa seguridad. Es decir, está a la espera, sabe
muy bien lo que va a tener lugar, da seguridad y
confianza, porque confía en que unos mecanismos
que se han puesto en marcha van a llevar la
final a dar a luz, a que aparezca un bebe. Una
comadrona del aprendizaje que conoce bien su
oficio, que no juzga, que genera seguridad, que
no manipula. Por esto pensamos que la formación
de un educador pasa por resolver cuestiones
personales, por crecer personalmente. Toda
relación es educativa. Los que se educan
contigo, sean tus hijos, tus alumnos, tus nietos
u otros amigos van a recibir lo que tú eres, no
lo que tu quieres que ellos sean. No es una
relación de poder, repito, es una relación de
servicio, y en esa relación de servicio se
acepta el punto de partida y la deriva personal.
Y para nosotros éste es un concepto importante.
¿Qué es esto de la deriva personal? Uno empieza
igual que los demás, pero por dónde pasa y a
dónde llega no tiene nada que ver en personas
diferentes, desde el momento que puede
manifestarse como una persona diferente. ¿Por
qué? Porque tiene intereses, necesidades, ritmos
de trabajo completamente diferentes.
Voy a intentar explicároslo con un ejemplo. En
un momento dado yo serví a la deriva personal de
una de mis hijas, que abandonó la escuela cuando
tenía 9 años. En el momento que abandonó la
escuela era analfabeta funcional, odiaba leer,
escribir y todo lo que tenía que ver con
aprendizaje: libros, maestros, compañeros,
escuelas, caminos que iban a la escuela, etc.
Decidí sacarle de la escuela porque su deterioro
personal empezaba a preocuparme mucho, yo cambié
mi trabajo para tener libres las mañanas para
poder estar con ella, y lo que hice fue exigir
un compromiso: "Arene, tú no vas a ir más a la
escuela. Eso no significa que tu no tienes que
aprender o trabajar. Esto es fundamental: tienes
que estudiar, tienes que aprender, tienes que
crecer, hay que trabajar en la vida. Tú decides
por donde empiezas. Yo todos los días voy a
estar contigo por las mañanas". Ella decidió que
aceptaba esto y su primer compromiso fue que iba
a leer el periódico. ¿Por qué había decidido
esto como un trabajo? Le parecía suficientemente
lejano a lo que había hecho en la escuela, pero
suficientemente aceptable por mí ya que su madre
era periodista.
Todas las mañanas salíamos de casa, después de
desayunar, nos íbamos a comprar el periódico y
nos íbamos al taller. Mientras yo preparaba
cosas, ella leía el periódico. Su capacidad de
leer el periódico era escasa: la primera pagina,
las letras gordas y punto, porque odiaba leer
realmente. El primer día compró el periódico,
miró la primera pagina y dijo: "Ya he terminado
de trabajar", dos minutos... ¿qué 2 minutos? 1
minuto, 30 segundos. Si cuento 30 me parecería
largo. 20 segundos. Se acepta, se acepta un
compromiso, ese es el primer paso, se acepta en
la seguridad de que todo va ir bien. Yo entonces
no tenía la seguridad porque era la primera vez
que lo hacía. Lo hacía en contacto directo con
Arno Stern. Yo no lo hacía bien porque estaba
muy nervioso, muy inseguro. Porque no partía de
un niño puro, libre, apasionado, sino de un niño
fracaso escolar que hacía otras cosa, se ponía a
enredar por allí, a jugar. El segundo día,
volvimos, compramos el periódico, y en vez de 20
segundos, 23 segundos. Yo pude observar que ella
se detenía cada vez más en la primera pagina,
incluso podría asegurar que hasta leía. Y
efectivamente un día compruebo que lee, porque
me hace una pregunta. Entonces era la época de
la perestroika,... aparecían estas
palabras en los periódicos y me pregunta: "Aita,
¿qué es esto de la perestroika?". Y yo muy
atento a responder muy escuetamente.
En aquella época yo estaba en contacto con Marga
Iñiguez quien, interesada por el proceso
educativo, había tenido contacto con otras
culturas. Una vez me había contado que un grupo
de indígenas decían que si a alguien le
preguntas algo y te tiene que responder con
1000 palabras, un buen maestro era el que te responde con
dos palabras. En esa tribu los niños estaban con
los maestros, pero los niños muy pequeñitos y
los adolescentes estaban con los sabios. ¿Y qué
es un sabio? Un sabio es el que no te responde.
Entonces yo procuraba responderle escuetamente a
Arene, prefería quedarme corto y que ella
preguntara más si era su necesidad, que pasarme
un poco de su interés.
Me enteré que efectivamente estaba leyendo y le
iba picando la curiosidad. El inicio del
aprendizaje es la curiosidad. La curiosidad es
algo que los niños tienen de forma abrumadora.
Por todo pueden preguntar, todo lo miran, todo
lo toquitean, todo lo soban, todo lo rompen,
todo lo quieren aprender, preguntan,... este es
el principio del aprendizaje. Cuando tú eres
libre para poder preguntar por lo que te llama
la atención en un momento dado y encuentras la
respuesta escueta y adecuada, puedes seguir con
tu curiosidad,
Yo puedo preguntarte: "¿Por qué esto es
redondo?" Tú me respondes escuetamente, pero
luego igual no me interesa y pregunto: "¿Por qué
esto es cuadrado?" No hay que pensar: "Me
pregunta por la perestroika, a ver si ahora se
interesa por lo que está pasando en el mundo."
No hay que esperar que una curiosidad genere un
interés, no hay que esperar. Satisfaces la
curiosidad y ya se sabrá después por donde va el
interés, porque en un niño se despiertan
millones de curiosidades y no todas derivan en
un interés que les lleva a un estudio profundo,
a más preguntas, etc.
Arene preguntaba por la perestroika y empezaba a contarme cosas. Era como
restituir una comunicación. Claro, cuando tu
quieres tener el control de por donde va un
hijo, en este caso mi hija, ella siente que le
estás controlando, y ya no te cuenta, porque
cuando tienes un policía detrás, la primera
norma es no responder lo que el policía quiere
escuchar. Arene me empezó a contar: "Pues me he
enterado de esto..." y yo entonces le podía
preguntar a ella: "Ah, pero cómo, ¿este tío no
era no se qué?" "No, no. Mira, aquí pone que..."
Yo veía que iba avanzando en la lectura de la
primera pagina y un día incluso hace el milagro
de abrir el periódico y mirar por dentro, y
entonces yo contentísimo. Un educador, seguro,
no se pone contentísimo, porque es una reacción
y eso puede generar una compostura. Lo normal
hubiera sido pensar: "¿Qué va a hacer si está
con un periódico todos los días? Pues terminará
abriéndolo para mirar por dentro, claro."
Ella abría el periódico y miraba las esquelas de
los muertos, su curiosidad le llevaba a las
esquelas de los muertos. Luego ya ví que iba a
las llamadas de pagina, donde ampliaba la
información de la primera pagina, empezó a
abrirlo por otras llamaditas, leía otros
titulares e iba a otros lados, miraba lo de
atrás, incluso miraba la programación de
televisión. Un día va y me dice: "Aita, yo
quiero saber cómo empezó esto de la
perestroika", "Muy bien y ¿qué hacemos
entonces?", "Quiero estudiar la segunda guerra
mundial." Esto es una deriva personal. Si
vosotros os planteaseis saber como tuvo lugar la
perestroika, algunos a lo mejor nos vamos a
estudiar la historia del partido comunista, o la
historia de los zares, o la revolución rusa, o
quien fue el anterior a Khrushchev. Eso es la
deriva personal: cada uno se va por un lado.
Fuimos a una librería, miró libros y escogió los
que más fotografías y menos texto tenían. Iba
leyendo a su aire y empezó a estudiar historia
de la segunda guerra mundial. Seguía mirando las
esquelas. La deriva personal de cada uno es
diferente. Algunos después habríamos estudiado
la primera guerra mundial, otros la paz que
surgió tras la primera guerra mundial, otros los
antecedentes de la segunda guerra mundial,...
Arene dijo que quería estudiar a Franco, Hitler
y Mussolini, la vida de estos tipos. Pues nada,
a buscar biografías. Encontramos incluso comics
sobre el franquismo. Al tiempo me dice: "Aita,
yo quiero saber como empezó todo esto, quiero
estudiar prehistoria."
Y entonces se puso a estudiar la historia tal y
como se supone que se debe estudiar. La deriva
personal supone saltos guiados por un montón de
cosas personales: la curiosidad, la emoción.
¿Por qué yo decido estudiar esto y no lo otro?
Vete a saber por qué, es casi imposible, hay
tantos factores... La deriva personal va a
saltar, cogiendo cosas diversas, estableciendo
ramificaciones. Un diagrama de una deriva
personal es como un árbol con muchas ramas en
todos los sentidos y con pequeñitas ramas que
llevan a caminos que luego se vuelve para atrás
y siguen por otra rama. Fijaos lo que significa
esto frente al diagrama de una programación, que
es un diagrama lineal, en el que toda curiosidad
colateral es cortada, en el que tú estás
obligado a seguir con un orden lógico, pero que
puede no sea tu orden personal. Arene empezó a
estudiar historia ahora desde el principio, pero
ella, como estudiaba de diferente manera, no
estudiaba solamente los muertos, las fechas o
las batallas, sino que estudiaba historia del
arte. Le intereso el arte, un poco la
literatura. Incluso llegó el día en que dijo que
quería leer una novela, pero tenia que tener
crímenes y muertos. Las esquelas tenían su cosa,
porque un día va y me dice: "Aita, ¿como se hace
un tanto por ciento?", y de repente descubro que
había estado organizando a los muertos por
tramos de edades y que todos los días apuntaba:
tantos muertos de 0 a 3 años, tantos de 7 a
8,... que había empezado a sumar, estaba
haciendo matemáticas por su cuenta y de repente
quiso saber como se hacia un tanto por ciento.
Una deriva personal te lleva con estos saltos a
entrar en contacto con muchas cosas y todas te
empiezan a interesar, o a sentir curiosidad
sobre ellas.
Cuando estudia la historia a Arene le empiezan a
interesar muchas cosas, pero sobre todo una:
cómo se vestía la gente en cada época. Había que
hacer un trabajo arduo de buscar imágenes,
dibujos, grabados, fotografías de cómo se vestía
la gente. Claro, no imaginéis que establecía un
orden: "hasta que no termine de saberme la
prehistoria no paso". Miraba para adelante, para
atrás, con un orden personal. Y una de las
cosas que más le interesaba era cómo vestía la
gente a finales del siglo XIX. En la película
"Lo que el viento se llevó" que todos conocéis,
la parte en que hay una fiesta, cuando las
chicas se van a un cuarto a descansar y se
empiezan a quitar la ropa y se les ven las
fajas, las estructuras que hacen, los vuelos,
los acampanados,... eso lo veía 200, 300, 400
veces.
Ella por la tarde venía al taller y lo que más
le gustaba era hacer arcilla. Un día estaba
haciendo muñequitos para estos vestidos, y se
decía para si misma: "Voy a hacer una fiesta..."
Y un día me viene y me dice: "Aita, voy a hacer
una fiesta y me quiero hacer un vestido" ¿Cómo
hacemos? Se me ocurre una idea. Hay que buscar a
alguien que nos pueda decir como se hace esto.
Conocíamos a una persona que hace ropa para los
demás, fuimos donde ella, y le dijimos:
- Saura, Arene se quiere hacer un vestido de
este tipo- porque había hecho sus dibujos
-venimos a que tú nos ayudes a hacerlo
- ¡Uy, hija mía, pero para esto, tienes que
hacer 3 años de corte y confección!
- Ni hablar. No hay 3 años de corte y
confección. Venimos a aprender contigo.
- Pero Josemi, si yo no sé enseñar.
- Por eso venimos contigo ¿Qué es lo que hay que
hacer? Dinos inmediatamente cosas concretas.
- Hay que comprar papel de seda para hacer un
patrón- a la librería, papel de seda.
- Ahora ¿qué?
- Pues hay que medir- pues a medir.
Bueno yo os lo estoy contando muy lineal y de
esto tenemos que hablar. Estos procesos, sobre
todo con un niño que parte de un fracaso
escolar, no son lineales, están llenos de
momentos de mal humor, de enfado por mi parte,
de desconfianza, de desesperación, de querer
tirar la toalla, de que esto no va a ningún
lado. Yo os cuento los momentos álgidos y la
conclusión final, pero con Arene hubo muchos
momentos de mucho desánimo. Podéis imaginar el
papel de seda que rompimos, que rompió
desesperada y pensó que ya no iba a ser capaz de
hacer un patrón. Al final lo consiguió, porque
el mensaje que yo procuraba lanzarle siempre era
"tú puedes". No has podido esto, no has podido
lo otro, no has podido aquello, puedes, te
costará más, menos, pero amiga hay que hacer un
esfuerzo. La educación creadora no es
permisividad, implica esfuerzo. El esfuerzo es
parte importante del crecimiento personal, del
trabajo y del juego, siempre que haya placer por
medio. Si te mandan cavar un hoyo de 3 metros
cúbicos, el esfuerzo que te supone te hace
abandonar o no iniciar, pero si estás en la
playa jugando emocionado con tus hijos, allí te
dejas los riñones y haces los 3 metros cúbicos
incluso cuando tus hijos se han ido y ya no
están jugando contigo, por ti mismo. Arene
siguió adelante, hizo los patrones y llegó el
momento de ir a comprar telas. Íbamos a tiendas
de telas y como dos palurdos hacíamos como hace
cualquiera, empezar a sobar las telas hasta que
una nos llamaba la atención. Eligió una de aguas. Terminó haciéndose su vestido.
Todas las cosas iban siguiendo un proceso con
muchos altibajos, algunos abandonos, pero iban
tirando para delante. Doy un salto muy grande y
al final Arene terminó, a instancias de su
madre, en una academia de diseño de vestuario en
la que parece que tenía éxito porque a los dos
meses eligen un diseño suyo hecho con papel para
hacerlo en tela para la pasarela en el concurso
de miss Bizkaia. La escuela le aburre, ella dice
que es lo mismo en el fondo y a los tres meses,
cuatro, abandona. Le siguen interesando los
vestidos. Veis que en una deriva personal
aparecen muchos intereses por curiosidad.
Algunos se siguen llevando paralelamente, pero
un niño pequeño al que no se le cercena ni la
curiosidad ni sus intereses, desarrolla tantos
intereses que no tiene tiempo para llevarlos
todos muy lejos. Entonces elige, y va dejando
unos y utilizando otros, los que más le
apasionan por las razones que sean y esos son
los que va a llevar muy lejos. Como los que va a
llevar, los va a llevar con enorme pasión, le va
a importar mucho ese interés. El trabajo en un
interés determinado le lleva a hacer muy bien
ese trabajo, y ese hacer muy bien ese trabajo es
un interés que ha permanecido, le lleva a ser no
competitivo pero si muy competente, y en un
mercado de trabajo consigue el trabajo que
quiere.
Arene ¿donde terminó? Terminó, luego siguió con
cambios, en Madrid trabajando en diseño, en
vestuario, en los talleres de sastrería en
televisión, en teatro. Estuvo en Madrid desde
los 17 años a los 23 años trabajando, pero ahora
tiene novio, quiere tener un hijo y ahora lo que
más le interesa es todo lo que tenga que ver con
su hijo. Se han vuelto de Madrid, sigue
queriendo hacer esas cosas, hay otros
intereses...
Ya veis un ejemplo de lo que es una deriva
personal, como a cada persona le lleva a
diferentes lugares. A otra persona, quizás, que
le interesa mucho la historia, hace un ingreso
de mayores de 25 años y se matricula en la
universidad a estudiar historia, o se mete
arqueóloga a investigar o se va a viajar para
conocer,... Vete a saber a donde puede llevar a
cada uno. Esto es lo bueno. Si nos permiten
seguir nuestras derivas personales, lo que
sucede es que somos muy diferentes y esto hace
que las cosas sean ricas, diversas. El poder ser
nosotros diferentes y poder ejercer esa
diferencia. En una deriva personal hay que
aceptar los saltos sin saber a donde vas a ir,
sirviendo a ciegas y confiando a ciegas también,
sin querer controlar ni la dirección ni la
intensidad de ese aprendizaje.
Vega estuvo trabajando 6 años con niños pequeños
de 3 años, viendo todo tipo de derivas
personales. Hay muchísima documentación que Vega
tiene de cómo son las infinitas derivas posibles
que llevan a un niño a aprender a leer, a
escribir, a contar, a hacer todas las
prematemáticas. Porque los niños a esa edad
hacen lógica, matemática, conjuntos,
clasificaciones, sin que haya ningún tipo de
enseñanza por medio y ¡cómo se apasionan con
ello! Yo solía estar haciendo observaciones en
el aula, filmando, tomando diapositivas,... me
pasaba una mañana entera como una estatua
mirando y observaba esas derivas.
Veamos algunas derivas. A una niña de repente le
gusta mucho una canción que Vega canta y le
dice: "Vega, escríbeme esta canción, para que yo
se la lleve a mi madre, y me la pueda cantar".
Vega se sienta en una mesa de los niños, empieza
a escribirle a esta niña la canción y luego la
niña le dicta algo que sabía de memoria. De
repente vienen otros niños a ver que pasa allí.
Miran y dicen: "Ah, yo también". Una le empieza
a dictar una lista de frases: "¿Juan, quieres
venir a mi cumpleaños?", "¿Felipe, vendrías a mi
cumpleaños?", "¿Elena vas a venir a mi
cumpleaños?" Así una lista con todos los nombres
de la clase.
Fijaos, una quería una canción para que su madre
le cantara, ésta quería una lista,... sigamos la
deriva de alguno de ellos. La niña que le ha
pedido la lista de nombres recorta tiras de
papel con las frases con el nombre de cada niño.
Coge todos los nombres, hace un paquete, lo
envuelve y le dice a Vega: "Escríbeme aquí
invitación". Le escribe invitación en el paquete
donde están todas esas iras recortadas, que no
las va a destinar a nadie, ni se las va a
repartir para que cada uno tenga su invitación.
No, lo deja así, le hace una marca para saber lo
que pone ahí y se va, esa es su deriva.
Otro niño que había pedido lo mismo, las frases
de nombres de niños y cumpleaños, mete la
tijera, pero este va cortando por donde se le
ocurre, por todas partes. Como hay un celo
pegado por la parte de arriba en una mesa
colgando hacia abajo, que es el sistema que
tenía Vega para cortar rápido los millones de
trozos de celo que le pedían, el niño tira del
celo para abajo y empieza a pegar en la tira de
celo, que va del borde de la mesa hasta el suelo
pegado, todos los recortes. Cuando ya ha pegado
todo corta por abajo y se queda así, sin saber
que hacer con eso. De repente ve otro papel, lo
pega, y con ese papel se hace una capa. Eso es
una deriva personal.
Otro que ha pedido que le escriban cosas hace un
rollo con ello y se pasa toda la mañana con el
rollo, atizando a alguno, tocando la turuleta,
pero no se separa del rollo. Al salir se pone en
la puerta para atizarles a todos, y sale el
último con el rollo.
Fijaos, una pide que le escriban frases, las
corta y las envuelve en un paquete haciendo una
marca; otro recorta por donde se le ocurre, lo
pega en un celo y se hace una capa; el otro hace
un rollo...
La pregunta es: ¿pero esto lleva a aprender a
leer, a escribir? Y la respuesta es sí. Las
infinitas derivas personales, aparentemente
marcianas para aprender a leer y a escribir,
llevan a aprender a leer y a escribir. Y hay que
reconocerlas, aceptarlas y servirlas,
despreocupándose porque, por las razones que
sean, ese es su juego en relación con algunas
letras, manipulándolas, enredándolas de diversas
maneras. Podría poneros muchos ejemplos de
derivas personales pero creo que ya está claro.
En otro lugar tres personas, conociendo el
trabajo de Vega, decidieron hacer el mismo
trabajo con niños mayores, de 6, 7, 8 años, los
de primer nivel. Hacen el mismo tipo de trabajo
aunque un poco alterado, porque en algunos casos
el miedo les lleva a enseñar algo, pero hacen un
trabajo espléndido. Los niños están trabajando
durante esos dos años de primaria con todo tipo
de cosas, disparando también su aprendizaje. Por
ejemplo, a los niños les hemos puesto metros a
su disposición y entre los metros tienen uno con
ruedita, de estos elásticos muy grandes que
utilizan en las obras, cinta métrica de 20 o 40
metros,. Ellos disponen inmediatamente. Algún
loco coge el metro y empieza a medir todas las
chaquetas de los niños que están en las perchas,
todas las mesas,... Un día uno se sube a una
silla al lado de Karmele y le dice: "No te
muevas". Le va a medir a la maestra pero
necesita ayuda. Viene otro inmediatamente a
ayudarle, aprieta por abajo y el de arriba dice
8, y el de abajo dice 78. Todo medidas
equivocadas, porque no mide ni 8 ni 78.
"Estupendo, le hemos medido a la maestra". Esto
nos parecía espectacular en estos niños,
pensábamos que esto era extraordinario. Claro,
estos niños han estado en esa escuela con unas
maestras determinadas durante toda la educación
infantil. Más extraordinario nos sucedió cuando
vimos que niños pequeñísimos como Julia con 2
años, nada más volver del pediatra que ha visto
como le han pesado a Nora, llega a casa, coge
el metro de la costura de Vega y dice: "Pesa 8".
Es decir, que el concepto de medida está casi en
la naturaleza, los niños desde muy pequeñitos
empiezan a hacerlo si no están condicionados.
Estos niños con la cinta métrica empiezan a
medir, cada vez mayores dimensiones: la maestra,
las alfombras de la clase, la clase de un lado a
otro,... Salen y miden el pasillo que abarca dos
clases y cada vez se incorporan más niños y de
repente empiezan las derivas personales.
¿Cómo empiezan las derivas personales? Llega una
niña y le dice a la señorita: "Andereño, ¿de
aquí al hipermercado hay como 17 alfombras?"
Karmele se quedó impresionada, porque estaba
multiplicando. Viene otra que estaba escuchando
la conversación y le dice que entonces el
Serantes mide como no sé cuántos pasillos.
Karmele empieza a hacer cálculos y encima están
midiendo bien, más o menos. Es decir empiezan a
asociar. La capacidad de asociación es otra que
nos crece como las orejas, no podemos evitarlo.
Todos los niños oyen y se contagian, empiezan a
asociar. Hay uno que estaba en una esquina
leyendo un libro de dinosaurios, aunque hay un
orden los niños si quieren pueden estar leyendo,
y de repente sale al pasillo y dice. "Entonces
esto mide como un Espinosaurio". Otro dice:
"Aquí pone que este bicho tan pequeño mide
centímetros". Y empiezan a descubrir los metros,
los centímetros, los kilómetros,... "De aquí al
pueblo de al lado mide...". Van para arriba, van
para abajo, asocian el dinosaurio con un
insecto, diversos niños van comunicándose las
cosas... ¿Qué es lo que pasa? Que son unos tipos
apasionados y que esto se contagia a los pesos y
a las medidas de todo tipo.
Ya veis como las derivas diversas personales
tienen lugar a partir de permitirles usar una
herramienta, que a lo mejor otro no se lo
dejaría porque "lo vais a romper" o "¿qué hacéis
armando tanto ruido en el pasillo?" o ¿qué es
esto de estar aquí todo el día con la
alfombra?". Normalmente si vemos que un niño
coge un metro y se dedica a medir 20.000 veces
una misma cosa decimos que está tarado, que se
ha rayado, como dicen ahora. Y sin embargo está
aprendiendo. Algo muy importante es que un
educador debe saber esperar porque la repetición
es un fenómeno fundamental. Sólo hay aprendizaje
si hay repetición, porque eso manifiesta un
interés determinado. Imaginaros que os obligan
ahora a pintar un cuadro que tenga un millón de
puntos dentro, a ver quien aguanta el tirón. Hay
gente que lo hace, pero si surge de su propio
interés, de su propia necesidad. Lo mismo medir
40 veces la alfombra. Solamente lo hace el que
está reflexionando, elaborando, manipulando, es
decir, aprendiendo. Y claro esto no excluye el
que estén preguntando, porque pueden ir y
preguntar a la maestra, al vecino, al abuelo. Es
increíble cómo los niños cuando les apasiona
algo repiten y repiten, y ¡lo que aprenden con
esas repeticiones!
El tener una deriva personal y poder hacer un
aprendizaje de esta manera da una enorme
seguridad, sea un adulto o sea un niño. Y al que
sirve estos procesos le genera una enorme
seguridad. Solemos decir que el taller
transforma, transforma tanto a los que están
allí aprendiendo como a los que estamos
sirviendo, porque te da una confianza absoluta
en el género humano, en sus capacidades.
Realmente ves a estos enanitos y los ves
enormes, con unas capacidades increíbles. En
cambio en esta sociedad lo que nos hacen es
someter a un sistema de poda general que nos
hace ir con muñoncitos por la vida.
Y en un proceso así, como el de estos niños
que medían, ¿de cuánto tiempo estas hablando?
Ese curso de primaria lo hacen solamente en dos
años.
Y cuando, por ejemplo, miden a la maestra y
dicen siete, ¿ella no dice nada?
No corrige, a no ser que le pregunten. Si le
miden y dicen siete y están a su rollo, a eso no
le llamamos equivocaciones, eso son esos
accidentes, es ese tantear alrededor. Al final
van a ir acercándose y van a poder comunicarse
entre ellos, con los libros, con otras personas
y van a llegar a lo que mide un metro realmente.
Pero al principio tantean alrededor y no se
corrige a no ser que pregunten.
¿Y las normas?
Para que todo juego funcione, tiene que tener
unas reglas.
¿Estas normas se establecen el primer día del
taller?
En el taller desde el primer día están
instauradas. Porque hay un grupo, que ya las
está utilizando, unas reglas de juego.
Y en el caso de la maestra ¿instauran unas
normas el primer día?
No, no se como hacen, realmente no te puedo
decir. Pero podría ser, por ejemplo: "Aquí
tenéis los libros, ahí están las lupas, ahí
están las linternas, ahí los metros. Ahora si
queréis podemos mirar los libros."
¿No se dice, por ejemplo, que no se puede
salir del aula?
No, de entrada no se dice eso. Ahora, si en un
momento un niño va a tirar una piedra le dirá,
por ejemplo: "No aquí las piedras no sirven para
tirárselas a la cabeza a nadie. Aquí se juega
con este peso."
Cuando un niño demuestra interés por algo,
¿tú no haces nada?
Si tú descubres un interés en alguien por los
insectos que hay bajo el césped, regálale una
lupa, por ejemplo, porque así alimentas y
favoreces que ese interés puede seguir adelante.
Luego puede que deje la lupa, pero tu le ofreces
una lupa, no le obligas a usarla, se la ofreces.
Estar atento a los intereses en un grupo puede
ser muy complicado, puede que te inventes tú los
intereses. En un grupo tienes que estas más bien
a la espera de que te manifiesten su interés. No
es lo mismo trabajar con 20 niños que trabajar
con dos en casa. En todo caso es servir los
intereses aunque sean divergentes y no intentar
unificar o conducir por comodidad.
Mi hija tiene 5 años y está interesada en los
números y las letras. Ahora estoy en duda si
sería mejor para ella poner una hora o dejar que
ella me demande lo que quiera.
Los niños necesitan estructuras, un cierto orden
y esto puede ser diferente para cada cual. Por
ejemplo, para un niño puede ser muy importante
tener la seguridad de que nada más desayunar
puede mirar un libro tranquilamente mientras
hace la digestión, placenteramente con su madre;
pero para otro a lo mejor lo importante es pegar
unos botes en un colchón; y para otro es coger
dos maderos y poder construir. Pero con un
orden, es decir, que al que le interesa mucho
una cosa sepa que ahora van a hacer tal cosa. Un
orden es importante para la madre o el padre y
para el niño. Al niño ese orden le da seguridad.
Esa estructura no es un asunto de una hora. A lo
mejor como le interesan mucho los números
decides que después de desayunar jugamos con
estas regletas, pero un día quiere estar dos
horas y otro día quiere estar 5 minutos...
Para ella cualquier orden razonable está bien.
Que ella sepa que todos los días después de
comer, por ejemplo, va a poder hacer eso que le
interesa es bueno para ella y para ti. Y si es
bueno para ti es bueno para ella. Primero porque
a ella le da seguridad. Y si para ti es bueno,
eso te va a permitir mantener un ritmo. Porque
si tú lo haces cuando ella te lo demanda y tú en
ese momento estás cabreada o desmotivada, a lo
mejor lo haces el lunes y el martes, pero el
miércoles consigues distraerla y no lo haces y
entonces falta el ritmo. Que tenga ella esa
estructura y de ese núcleo estructural luego
ella va a ir organizándose alrededor, y eso le
da seguridad.
¿Y como te manejas en cuanto a lo que se
podría llamar el refuerzo positivo, el que si un
niño te enseña un dibujo casi instintivamente te
sale decir: "qué bonito, qué bien lo haces", que
además él también espera que tú lo digas?
No hace falta refuerzo positivo. A mí me parece
un condicionamiento. No es necesario en
absoluto. Cuando un niño tiene una necesidad y
un placer añadido de hacer algo, lo hace hasta
el infinito todas las veces que necesita. No
hace falta más. Eso requiere un trabajo
personal. No va a hacer más ni mejor porque yo
le diga que bien, le sobra, porque si yo le digo
que qué bien, le condiciono a hacerlo para mí.
Cuando un niño hace una cosa, le basta. Un niño
come, por ponerte un ejemplo, porque tiene
necesidad de unos nutrientes para vivir, para
seguir fuerte, para moverse etc., y come muy
bien. Si tú le dices que qué bien come estás
satisfaciendo unas necesidades de afianzamiento
tuyo, no de él. Y en muchas ocasiones sucede que
ese niño ya no come solamente por sus
nutrientes, que es suficiente, sino por el "qué
bien". Un niño que se viste está orgulloso y no
necesita enseñarlo, sino que se viste y sale
corriendo, no depende. Pero si tendemos a decir
"qué bien", al final comen para que les den no
sé que, se visten para que les consigan no sé
que. Es decir, ya no por el placer de comer o de
vestirse, que es lo esencial.
En el dibujo, o en los juegos que se hacen en la
escuela, es claro. Trabajan para los demás, para
obtener aprobación y aceptación. Cuando un niño
necesita enseñar las cosas es porque alguien
previamente le ha condicionado.
Lo que sí sucede es que un niño muy contento te
puede comunicar sus descubrimientos. Ve un bicho
con una muleta y dice: "Mira, ama, un bicho con
una muleta". Le asombra, le alegra y lo
comunica. Pero una cosa es comunicar sus
descubrimientos y otra cosa es esperar tu
aceptación. Si un niño te comunica sus
descubrimientos los compartes con él, claro.
Pero si busca tu aceptación hay que pensar si ha
habido ya una relación previa que le lleva a
buscar una gratificación ajena al placer que le
puede producir el descubrimiento. En general
pensamos que hay que motivar, gratificar,
reforzar positivamente,... No hace falta. Por
otra parte tu refuerzo positivo puede llevarle a
seguir una deriva falsa. Si tu no le hubieras
insistido que qué bien, y ella solo lo hace
porque a ti te gusta, a lo mejor lo habría
abandonado por otra cosa. Es una forma de
empezar a alterar ya las cosas, ¿no?
En el caso que comentabas de tu hija ya no es
un taller de educación creadora.
A nosotros el trabajo de Arno sobre la educación
creadora nos dio unos principios basados no en
teorías que podían ser constatados o no, sino en
constataciones, en un trabajo empírico. A mí
personalmente me pareció el gran descubrimiento,
me desveló la naturaleza del aprendizaje, la
esencia del aprendizaje. Y además esto era real,
tangible, era aplicable a cualquiera. Es decir,
a ti que decides educar a tu hijo por tu cuenta
en casa, en la calle, o en el monte, pero
acompañándole tu, no delegando en ninguna
institución; al maestro que esta en una
institución y que quiere hacer mejor su trabajo;
o a los padres que llevan a la escuela a sus
hijos pero que no delegan y que quieren seguir
trabajando ellos también.
Estos principios son de pura lógica. No es un
invento retorcido y extraño, son unas cosas
elementalísimas y que uno decide dónde, cuándo y
hasta dónde puede aplicarlo. Nosotros los
aplicamos en los talleres, los aplicamos en la
escuela cuando trabajamos con maestros en su
formación, y desde luego los aplicamos con
nuestras hijas, que no vamos a delegar su
educación en la escuela, claro.
Cuando para aprender algo necesitas de
alguien, de un especialista, dices que lo
interesante es que no sea un enseñante...
Si, aunque hay excepciones. Os puedo contar la
anécdota de como aprendieron idiomas los hijos
de Arno. A Arno y a Michel les preocupaba mucho,
les parecía muy importante saber idiomas y
viajar, pero no sabían como agarrar el asunto de
los idiomas, no tenían ni idea y lo iban
posponiendo. Uno de los principios es que es
mejora la nada que el error, y saber esperar. Un
día se presenta un vendedor de enciclopedias en
la puerta, le invitan a pasar porque tenían
tiempo, charlan, por supuesto no le compran
ninguna enciclopedia, le ofrecen té con pastas,
que en casa de Arno se toma un té esplendido con
unas pastas riquísimas, y él les empieza a
contar su vida: es un humorista que se ve
obligado a vender enciclopedias para ganarse la
vida. Le dicen que han pasado un rato agradable,
y le ofrecen venir otro día, porque a los niños
les había divertido mucho los chistes que él
contaba. Viene otro día, empiezan a conocerle y
descubren que sabe varios idiomas. Entonces Arno
le dice:
- Mira, no te vamos a comprar ninguna
enciclopedia, pero te ofrecemos que vengas a dar
clases de ingles a mis hijos.
- ¿Pero cómo? Yo no soy maestro.
- Por eso mismo te lo digo.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Nada, contarles chistes en ingles, como hemos
estado haciendo estos dos días.
Él aceptó. Iba todas las semanas no sé cuantas
veces y hablaban en ingles, contaban chistes y
los hijos aprendieron ingles. Sin enseñanza, con
chistes. Angle era ya un poco mayor y enseguida
pidió un libro de ingles para poder traducir,
con cintas magnetofónicas y haciendo risas con
este hombre. Los niños aprendieron ingles y este
hombre recuperó su profesión gracias a ellos.
Ahora es un humorista reconocidísimo que esta
todo el día en televisión porque recuperó su
trabajo de actor humorístico.
Pero si necesitas un especialista, debes de
estar tu controlando ese momento.
Claro, sobre todo al principio. Ver cómo se
establece, qué pasa, porque tú sabes como se
hace el proceso. Con el humorista al principio
estaban Michel o Arno todos los días, pero al
cabo de uno días podían irse a hacer otras
cosas, porque ya las cosa era de risas en ingles
y ya no había ningún tipo de enseñanza. No era
maestro, no había enseñanza, se le había quitado
de la cabeza que tenía que enseñar algo.
Vega: Una persona que sabe sobre un tema que
ha aprendido de una manera determinada, tiende a
enseñarlo de esa manera determinada. Yo creo
que, por ejemplo, no habría que enseñar a hacer
patrones. Normalmente se tiende a enseñar más de
lo que realmente es necesario. Hay que estar
atento también.
Arene cuando ahora piensa en favorecer el
aprendizaje divertido de hacerse la ropa a otras
personas, ella les enseñaría a hacer patrones,
ella piensa en transmitir su forma de aprender.
Y le decimos: "Ojo, que esa fue tu forma, pero
tú no puedes crear un espacio para que todo el
mundo siga tu forma, porque eso sería una
escuela otra vez y crearías problemas a la
gente. Tienes que permitir que la gente tome sus
decisiones o te manifieste sus necesidades".
Una persona que sabe mucho de una cosa a lo
mejor te da una orden que tu no captas muy bien
y que no es la conveniente.
El otro día me comentaba una profesora que
había un alumno de tercero de la ESO que
aparentemente calculaba los resultados de las
matemáticas sin hacer operaciones y que ella le
estaba explicando a él que tenía que hacer las
operaciones por escrito...
Por eso nos preocupa que lo que contamos como
ejemplo de aplicación personalísima de unos
principios se tome como modelo, porque no es el
ideal, ni lo perfecto. Los principios son esos y
luego cada cual los aplica de una manera y lo
que sucede es diferente también. No hay que
tener una idea como: "Ah, voy a comprar cintas
métricas porque como hay un libro de dinosaurios
a lo mejor asocian...", porque a lo mejor estás
forzando. Hay que dejar que pasen las cosas de
la manera que tienen que pasar.
Vega: Hay que estar muy atento para no
adelantarse a lo que los niños quieren saber o a
su proceso.
Mi hija Maite inició otra deriva personal con la
carpintería. Yo pretendía que mi padre, que
tiene un taller con muchas herramientas, le
dijese como se manejaban las herramientas, y la
pelea con mi padre era que no pasara del "esto
es imposible" al "ya te lo hago yo". En un
momento dado que le interesaba el arte fue a la
universidad a unas clases de un profesor que le
permitió ir de oyente. Ella decide que no se
matricula, no va a hacer exámenes, no tiene
ninguna dependencia.
En los talleres de tecnología de los
institutos en los que hay cosas peligrosas, por
ejemplo una sierra, ¿cómo se puede hacer?
La educación creadora es creadora. No hay normas
claras, ni se pueden establecer. Una madre
pueden decidir que no le da unas tijeras de
punta a su hija, que le da tijeras de punta
redonda. Pero a lo mejor a otra niña su madre le
deja las tijeras de punta porque ella está allí.
Depende de sus miedos, depende de muchas cosas.
¿Cuándo una herramienta es peligrosa? Alguna
gente dice que una sierra circular de mesa no se
le puede dejar a un niño de 15 años. Yo digo que
si le doy unos hábitos de cómo manejar el
interruptor, colocarle, llevar botas o guantes y
mover las manos y yo estoy delante, yo le dejo
la sierra circular. A lo mejor otro dice que en
un instituto con 7 niños no se puede estar con
todos, y entonces no se usa sierra circular. Me
parece valido eso y lo mío también.
¿Tus tres hijas salieron del colegio?
No. Arene la saque yo de la escuela a los 9
años. Nerea y Maite siguieron sus estudios.
Nerea termino el instituto, quería dirigir y
escribir cine, y llevó su deriva personal. Maite
no llegó al último curso porque hacía piras. Un
día vino a casa y me dijo:
- Aita quiero que me metas caña y trabajar
contigo.
- ¿Y qué quieres hacer?
- Trabajar con madera.
- ¿Y qué quieres hacer?- se quedó así mirando su
cuarto y dijo:
- Mi mesilla.
- Pues adelante-
Entonces había un cuarto vacío en casa y ahí se
instaló.
¿Cuál es el numero de gente con el que habéis
trabajado en el taller? Y en la escuela ¿con
cuántos se puede trabajar?
En el taller el numero oscila aproximadamente
entre 8 y 14 personas ¿Por qué? Si hay menos de
8 es muy difícil porque la dinámica baja
muchísimo. Si la dinámica baja mucho y hay un
niño que está mal, que está inseguro o cansado o
que tiene su juego un poco estropeado por lo que
han hecho previamente con él, se paraliza, y
entonces el grupo no le sirve. Si hay 5 entonces
hay que hacer cosas especiales para que no
termine todo el mundo sentado. Y a más de 14 no
se les puede servir bien a todos, porque no das
a basto y además no caben. Si hay un niño muy
pequeño o una persona en silla de ruedas o una
señora mayor, que le tienes que pasar pinceles,
el número tiene que bajar. No puedes atender a
14 bien, porque hay uno que te exige mucho y
entonces tienen que ser 10. Esto en un taller en
el que vienen a pintar o a modelar o a bailar
hora y media a la semana y dónde puede servir
bien un único juego para todos. No significa que
ese numero sea bueno para estar 5 o 6 horas
todos los días durante la semana. Lo que sucede
en la escuela es que no se da a basto para
servir bien.
Vega: Eso es lo que estaba pensando. Cuando
contamos lo que yo hice, lo que hace Karmele,
parece todo muy bonito, pero realmente no se
daba a basto. Hacíamos lo mejor que podíamos,
pero si en lugar de estar 25 niños como en mi
caso, y creo que pasa lo mismo con 15 o con 10,
si en lugar de estar todos estos conmigo solo,
estarían 2 niños por persona o 3 o 5 incluso,
ahí sí puedes responder a las necesidades. Yo
tengo clarísimo que no respondía ni a la mitad
de las necesidades de esos niños y supongo que a
Karmele le pasará lo mismo, porque es imposible.
Tienen muchos más intereses de lo que una
persona es capaz de atender con 15 niños.
Karmele algún año ha tenido en su aula 8 niños y
no daba a basto, no podía servirles bien. Porque
servir bien a esos niños no significa solamente
las horas que estás allí. Si de repente a un
niño le interesa el enamoramiento que tuvo Juana
la loca con no sé quién, entonces querrás
conseguir en un libro o a través de Internet las
cartas que escribió. Si no puedes acompañarle
porque vives en otro lado, tienes que ir tú a
Internet o a la librería porque si llegas al día
siguiente y no le das nada, no puedes servirle.
Si estás con un niño solo que es tu hijo y le
ves muy interesado en los bichos, vas y le
compras una lupa, porque es una cosa inmediata,
no se te escapa. Pero con una familia numerosa
ya es difícil. Con un grupo de 7 niños, si uno
quiere ir al circo tienes que llevarles a todos
al circo, no tienes más remedio que organizarte.
Puedes también decirle a su madre que le lleve
al circo porque le interesa mucho. Pero no te
enteras de muchas cosas, este te pide no sé que,
ese dice que qué pone aquí, aquel pregunta
cuánto mide esto, otro te cuenta una historia y
le escuchas,... No puedes saber lo que quieren
todos. Entonces hay que hacer un trabajo muy
importante con los padres, explicarles qué es
una deriva personal, que estén ellos atentos,
porque solo ellos pueden servir bien y en todo
caso que a la mañana siguiente nos digan que a
su hijo le está interesando mucho tal asunto,
para tenerlo en cuenta en clase.
Si yo pienso en algo ideal para mi hija, sería
que ahora pueda estar con estos niños saltando
en este colchón y dentro de un rato con aquellos
que están allí sentados comiendo. Porque eso es
lo rico. El tener que estar con un grupo de 12
niños de cualquier manera durante tantos años es
una condena y es muy pobre también, frente a lo
que podría ser estar participando de diversas
actividades con diversos grupos de mayores y
pequeños.
En la escuela no hay más remedio que organizar
actividades, porque no puede estar ese dibujando
y este bailando, porque le pega con la tiza en
el ojo. Tener una organización para que todos
hagan algunas cosas al mismo tiempo, porque si 7
quieren jugar con las mesas a montar espacios no
es compatible con otros 7 que quieren dibujar
sobre la mesa. O todos a dibujar o todos a lo
otro. En condiciones ideales, casi utópicas, ya
es un problema, porque ya estás obligando a
alguno a alterar su propio ritmo.
En el mejor de los casos y no puedo suponer una
situación mejor, cuando Vega estaba en esa aula
con aquellos 25 niños que hacían lo que querían,
no había enseñanza y aquello parecía ideal, en
el mejor de los casos, había un momento en el
que Vega contaba cuentos a todos, porque ella
necesitaba descansar. Olía a sudor cuando
terminaba porque corría. Estar sirviendo a 25
niños era una locura. Entonces había un momento
que contaba cuentos a todos para descansar,
porque no podía más, pero a lo mejor a alguien
le rompía su ritmo de necesitar otro tipo de
cosas.
Vega: La escuela no da más de sí. Requiere
una organización que en la vida real no
requiere. La vida real requiere una
organización, donde me doy cuenta de los demás,
en la familia, con amigos, con necesidades
diferentes. No unas necesidades impuestas por
una estructura rígida que no se puede romper.
¿Hay una autoridad en la educación creadora?
Claro que hay autoridad. No hay que tener miedo
a las palabras. La autoridad te la da la gente.
Tú no te la puedes coger, tú puedes querer tener
autoridad, pero como no te la de la gente... Tú
puedes tener el poder, puedes ejercerlo, porque
eso no te lo da la gente, eso te lo da un palo o
la edad, pero eso es diferente. En el taller
claro que hay autoridad y ¿de dónde procede la
autoridad?, de uno de los oficios más dignos que
hay, la autoridad procede de que sirves a la
gente. Si no sirvieras a la gente, si quisieras
controlarla o ejercer el poder no tendrías
ninguna autoridad. Franco tenía mucho poder pero
no tenía ninguna autoridad, en el sentido
etimológico.
En el taller como la gente descubre que tú no
juzgas, que tú sirves y que no quieres
controlar, que efectivamente no ejerces el poder
y que te niegas si alguien te quiere impulsar a
ello y no te dejas manipular, la gente te
concede credibilidad, por decirlo con otra
palabra que es igual, y confía en ti. Una
comadrona tiene autoridad porque la mujer que va
a dar a luz confía en ella. Pero no hay
estructura de poder, que es lo que hay en la
escuela, porque desde el momento que necesitas
organizar ya ejerces el poder. Es decir en el
momento que necesitas organizar "en este momento
todos sentados en los colchones que os voy a
contar un cuento que estoy agotado", tú puedes
querer ir a pescar allá pero yo entonces ejerzo
el poder, aunque sea de modo suave, y digo: "no,
ahora nos sentamos todos porque yo ya no puedo
más".
En la escuela, como en el taller, también se
puede dar la opción de que quien no quiera hacer
nada, pueda estar sentado,¿no?
Sin hacer nada, aburriéndose, cuando querrían
estar haciendo otras cosas... No es lo mismo una
hora y media que vas a hacer una cosa, que todo
el día. Yo puedo pensar una ciudad que me
ofrezca todo tipo de servicios en funcionamiento
y cuando mi hija esté interesada en una cosa
determinada con unas herramientas determinadas,
yo pueda ir a ese sitio donde está ese señor que
sabe como funciona esas herramientas y le digo:
"Oye, venimos aquí una hora". Y puede estar una
hora allí mi hija y si quiere ir más días, va
más días, y si no quiere ir más, no va. Yo puedo
pensar en que haya muchos servicios en una
ciudad, para cuando la gente quiera disponer de
ellos, y poder moverse libremente, sin necesidad
de tener que estar compartiendo una organización
de actividades durante 2 años o 5 u 8 o más, con
los mismos niños.
Si yo puedo disponer de muchos espacios de esta
riqueza con diferentes actividades, esto permite
una socialización riquísima, en vez de esa
pobrísima socialización que se hace con el
condicionamiento de la competición y de la
comparación.
¿Cómo se podría aplicar todo esto en la
escuela? ¿Qué resultado tendría en la escuela
juntar diferentes edades?
Habría que aplicar el primer principio que es no
ejercer el control, anular el programa. Si no
ejerces el control y anulas los objetivos,
anulas el programa y permites la divergencia,
aunque sean de las mismas edades empieza la
divergencia y empiezan las diferencias. Aunque
tengan la misma edad, si tu posibilitas la
divergencia, hay competición y hay comparación
porque han estado unos años compitiendo y
comparándose en el aula, pero puedes favorecer
un poco esto.
En una escuela de 400 niños, hace ya mucho
tiempo, se hicieron talleres de pintura, de
barro y de construcción, los viernes por la
tarde. Se hacían tantos talleres que se
disolvían las clases y se hacían reagrupaciones.
Es decir, que al taller de pintura iba un niño
de primero, otro de segundo, de tercero, otro de
cuarto, ¿qué es lo que pasó en 6 meses de esa
experiencia? Fijaos si fue fuerte, que lo que no
habían conseguido durante años, lo consiguieron
en 6 meses. Ya no estaba tan claro quien era muy
tonto y quien muy listo; él que tenía conductas
torpedeadoras, molestas, dejó ese
comportamiento,... Es decir, el viernes por la
tarde se disolvía efectivamente la escuela y los
problemas ligados a la escuela se disolvían.
Pero aunque todo el claustro estaba en ello, les
fue imposible, no tuvieron la fuerza de hacerlo
o no pudieron o no quisieron.
En la escuela se puede mejorar mucho el trabajo,
por eso trabajamos con maestros y asesoramos
escuelas. Se puede hacer mucho trabajo. Ahora,
la escuela tiene unas limitaciones de donde no
puede pasar. Eso sí, yo todavía no he conocido
ningún aula, ningún maestro, excepto el caso de
Vega, donde yo le haya tenido que decir: "Me
parece que has llegado al techo y no puedes
hacerlo mejor". En el caso de Vega, físicamente
ya no daba más de sí, fijaos que solo hablo del
aspecto físico, de fuerza, de energía,... No
daba más de sí, había llegado al techo, y eso le
llevaba a tener que hacer ciertas organizaciones
para descansar.
Yo puedo recordar la anécdota sobre el dibujo de una
niña. Llegó el día en
que había que hacer el trabajo de la solidaridad
porque tocaba ese día: todos los niños a dibujar
minusválidos... Su madre nos contó que la niña
llegó a casa y le dijo: "Jo, ama, que pesada la
maestra con el día de la solidaridad, que todo
el mundo tenía que dibujar minusválidos. Pues yo
no he hecho ningún minusválido. Yo he hecho lo
que me ha dado la gana y luego le he dicho a la
maestra que él que había pintado era ciego".
Una cosa que sabemos es que la experiencia de
expresión de creación, de educación creadora,
esa experiencia desarrolla la capacidad creadora
para cualquier circunstancia de la vida. Es
decir, uno lo aplica a resolver problemas
domésticos, sentimentales, laborales,... porque
no se puede ser muy creador en un aspecto y
luego en otro no. Esto te contagia. Yo estoy
totalmente convencido que en dos años de trabajo
con niños de 3 y 4 años con lo importante que es
esa edad, eso queda para toda la vida, en unas
estructuras mentales, o no sé dónde, en las
tripas, no sé. Pero yo estoy seguro que queda,
seguro. Cómo no va a quedar...
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